¿Cómo están? Espero que muy bien.
Bueno, les contare que en mi clase de lectura y redacción nos hicieron redactar una narración y yo puse una de amor.
Así que se las compartire:
¿Amigos
o más que eso?...
Esa
mañana me desperté muy emocionada, pues era mi primer día de
ensayo en el grupo de danza en el que estoy.
Llegué
a la casa de cultura “Guillermo Bonfil Batalla”. Esta antes era
una hacienda, por lo tanto es muy grande. Entrando esta el salón de
música y la sala de exposiciones; enseguida esta la sala de danza y
enfrente de esta está un pequeño kiosco; más adelante están los
baños y las escaleras que te llevan al salón de teatro, ballet y la
pequeña biblioteca. En fin…
Como
el kiosco está enfrente de la sala de Danza, nos preparamos ahí
para los ensayos. Ahí estaba él
preparándose, pero a la vez mirándome fijamente con sus hermosos
ojos parecidos a dos gotas de miel. Su mirada estaba tan perdida en
mí que decidí voltear a verlo; su boca delgada se encorvo formando
una suave sonrisa para mí. Al devolvérsela su cara se iluminó por
completo.
Llegó
la hora del descanso y fue hacia mi lugar. Traté de poner atención
en sus demás rasgos, pero estaba tan rara, era como si no pudiera
dejar de ver su cara. De repente llegó y dijo --- ¡Hola! ¿Cómo
te llamas?--- ---Bella--- contesté rápidamente. ---Tu nombre es
muy lindo, nunca lo había escuchado--- contestó él enseguida. Nos
llamó el profesor para que continuáramos con el ensayo y eso fue
todo lo que hablamos ese día.
Al
ensayo siguiente no supe si hablarle o no, pero inmediatamente que
llegué el corrió a saludarme. --- ¡Hola!--- me dio un beso en la
mejilla --- Pensé que no vendrías hoy--- me dijo. --- ¿Por qué?---
contesté dudosa ---No lo sé, por un momento creí que no te gustaba
la danza.--- me dijo un poco temeroso, pues se le quebraba la voz un
poco. ---Me encanta estar aquí. Bailar es mi pasión--- contesté en
seguida.
Así
fueron los dos primeros días. Después nos empezamos a conocer más.
Poco a poco nos fuimos haciendo mejores amigos. Yo le tenía mucha
confianza al igual que él a mí. Debo confesar que llegó un momento
en el que yo quería que fuéramos algo más que amigos.
Un
día llego muy emocionado y nervioso a la vez ---Hola--- me dijo al
momento en que me abrazaba fuertemente ---Necesito hablar contigo---
me dijo ---Claro, en el descanso me cuentas--- le contesté algo
extrañada.
Cuando
llegó la hora del descanso se acerco a mí y me dijo ---Bueno pues…
hay una chica que me gusta…--- En ese momento no sabía si ponerme
feliz porque mi mejor amigo había encontrado a alguien o si ponerme
triste, pues yo quería que él me quisiera a mí; pero creo que en
ese momento opté más por la segunda opción. Él continuó---…pero
la verdad no sé cómo decirle si quiere ser mi novia— Se me hizo
un nudo en la garganta no quería dejarme hablar bien y lo único que
pude contestar en ese momento fue — ¿Quieres que te ayude? —
hice muchos esfuerzos para que no se me cortara la voz — Sí por
favor— me dijo él enseguida.
Traté
de calmarme y empecé a darle consejos de cómo podía irse acercando
a ella hasta el momento en el que le dijera lo que quería. Después
de todo el era mi mejor amigo y quería que fuera feliz.
Al
día siguiente llevo un gran y hermoso ramo de flores (Curiosamente
los dos nos equivocamos de hora y llegamos casi una hora antes al
ensayo.) me saludó como siempre me dio el ramo y me dijo —Detenme
esto por un momento— — ¿Son para ella?— pregunté — Sí, son
para la chica más linda de este mundo— me dijo muy emocionado. Me
quitó el ramo y dijo — Vamos para allá—
Me
llevó al pequeño kiosco que hay en el lugar y me sentó en donde
empiezan las escaleras para subir y bajar. Se empezó a poner
nervioso y empezó a caminar por todo el kiosco. Después de casi 10
minutos le pregunté — ¿Qué tienes? — pero no me contestó.
Cuando por fin se paró, bajo al segundo escalón y se puso en
cuclillas frente a mí con el ramo en las manos; respiro
profundamente y me dijo — Esa chica linda y hermosa con la que
quiero estar…— Hizo una larga pausa, volvió a respirar
profundamente y continuó —… éres tú…— En ese momento me
quede helada, era como si algo me estuviera deteniendo sin dejarme
mover mientras él seguía diciéndome —…así que… ¿Quieres
ser mi novia? — En ese momento había una explosión de felicidad
dentro de mí. Me levanté, lo abrasé fuertemente y le dije al oído
— ¡Sí! — Al momento de decirle el también me abrazo, me cargo,
me dio de vueltas y me bajo. —No hiciste nada de lo que te dije
ayer— le dije burlona — Los nervios hicieron que se me olvidara—
contestó él enseguida.
Y
desde ese día hasta ahora tenemos una linda relación.
Fin.
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